La temporada navideña 2018 fue particularmente especial para mí. La intensidad y la ilusión con la que mis hijos la experimentaron fue muy contagiosa, y me siento enormemente agradecido porque ellos puedan experimentarla de esa forma: con la transparencia de emociones, y con una alegría desbordante. Me quedo en la memoria guardadas sus miradas y sus sonrisas.

Pero más allá de esto que resalto, fueron unos días con mucha paz, con mucho amor, con mucha unión en mi entorno familiar, y sin duda en otras esferas de mi vida. Creo que no podía ser de otra manera, pero sin embargo no dejo de volver a agradecerle a la vida lo mucho que me regala en las personas con las que me toca compartir y transitar por este pedazo de tiempo donde existo.

Emociones hubo muchas, y todas y cada una de ellas las acepto, las valoro y las atesoro. El tiempo transcurre, y con cada paso, con cada instante nos da la oportunidad de saborear lo que nos regala, aunque en ocasiones pueda ser algo amargo. Agradezco también por esos contrastes y esos momentos que son parte de vivir.

La página ha sido turnada. En unas horas volverá a brillar el sol, y, de algún modo, reiniciará el ritmo «regular» de la cotidianidad. Experimento una sensación de optimismo que me agrada, que la disfruto, y la acepto.

El futuro no se le garantiza a nadie, pero anhelo ver llegar el siguiente día, y el siguiente, y el siguiente… porque hoy, como ha sido desde que tengo memoria, reconozco que me rodean todas esas bendiciones que Dios me ha entregado, empezando por la vida misma…

Sonrío, y agradezco mil veces más… el mejor día de mi vida está por comenzar.

Deja un comentario