«Cada uno da, lo que recibe… luego recibe lo que da… nada es más simple, no hay otra forma… nada se pierde, todo se transforma»
-Jorge Drexler
Imagina que saliste un minuto antes (o después) de tu lugar de trabajo.
Imagina que llegaste al hotel donde te hospedas, que pediste el elevador para ir a tu habitación y recoger tu maleta para regresar. Presionaste el botón de tu piso y ves que el elevador se detiene en otro, antes de llegar al tuyo.
Imagina que entra al elevador la última persona que imaginarías encontrar, pero que sin embargo, es alguien a quien admiras, alguien que, debido a su profesión, tuvo la increíble coincidencia (¿Diosidencia?) de estar en ese mismo momento, en esa misma hora y en ese mismo lugar… y que accede a tomarse una foto y un video, un video con un saludo que desde años antes habrías querido tener para regalar…
Imagina que después de intercambiar saludos, algunas palabras y seguir tu camino, sales del hotel, y en el taxi, la música que trae el radio son canciones que te gustan, que disfrutas, y que hace tiempo no escuchabas.
Imagina que todo esto ocurre… con las ínfimas posibilidades, (1 en 63 millones… a quien guste, luego le digo como hice el cálculo, aunque mi economista de cabecera ya me lo validó J) de que cada cosa ocurrió así porque no pudo haber ocurrido de otra forma. Haber estado en un lugar, en un momento, y en un instante preciso, sabiéndote muy afortunado, muy bendecido, no sólo por estas ocurrencias, sino en general por la vida, y de pronto sintiendo estos guiños de parte de Dios, como si quisiera de pronto apapacharte y hacerte saber que, efectivamente, no estamos solos… que nunca lo hemos estado, y que no lo estaremos… que a pesar de que en ocasiones podemos sentir que ocurren (o no ocurren) tantas cosas a nuestro alrededor, él está ahí… haciéndose presente HASTA en esas pequeñas cosas triviales, pero que, sin duda, hacen una diferencia.
… y esa diferencia al mismo tiempo te hace reflexionar y confirmar, de nuevo, de TODO lo que sí pasa por y para sentirnos parte de algo más grande, algo que nos supera en belleza, en fuerza… algo de lo que cuando te detienes a reflexionar y agradecer, encuentras que si bien podrán haber siempre cosas chuecas, torcidas y horribles en el mundo, sin duda, hay muchas, MUCHAS otras cosas aún más fuertes, aún más grandes y aún más buenas.
Así que gracias… gracias, gracias, gracias… Gracias a la vida, que me ha dado tanto… (parafraseando a Violeta Parra)…
… Y gracias a Jorge Drexler por mi «selfie» y el video… (guiño, guiño SNB)

Deja un comentario